Por: Yahaira Torres Rivera, Ed.D.
Catedrática Auxiliar
Especialista en eLearning
27 de septiembre de 2026
Cuando pensamos en el desarrollo de un curso en línea, es común hablar de objetivos de aprendizaje, contenidos, actividades, evaluaciones, tecnología y accesibilidad. Sin embargo, hay otro componente que a veces queda relegado a una etapa final del proceso: el diseño visual.
Durante mucho tiempo, lo visual se ha tratado como algo secundario, casi como una capa estética que se añade cuando el curso ya está desarrollado. Pero dos publicaciones recientes invitan a mirar este tema desde otra perspectiva.
Por un lado, Ashley Salter (2025) plantea que el diseño visual debe considerarse una parte integral de la experiencia de aprendizaje. Por otro, Bader, Friesen, Lowenthal y Snelson (2024) muestran que quienes desarrollan cursos online toman constantemente decisiones visuales, aunque muchas veces no cuenten con formación especializada para hacerlo.
Ambos trabajos coinciden en una idea importante: el diseño visual en eLearning no es simplemente decoración. Forma parte de cómo el estudiante navega, interpreta y procesa la información.
¿Por qué importa tanto el diseño visual?
Salter (2025) explica que los estudiantes interactúan visualmente con un curso a través de múltiples elementos: la distribución del contenido, los encabezados, los iconos, los colores, las imágenes y otras señales gráficas.
Cuando estos elementos se utilizan de manera intencional, pueden ayudar a reducir la carga cognitiva, mejorar la accesibilidad y facilitar una experiencia de aprendizaje más intuitiva. La autora sostiene, precisamente, que el diseño visual es más que decoración: puede funcionar como una estrategia pedagógica.
Desde esta perspectiva, una imagen no debería incorporarse únicamente porque hace que una pantalla se vea más atractiva. Tampoco un color debería seleccionarse exclusivamente porque “se ve bonito”. Como diseñadores deberíamos preguntarnos: ¿Qué función cumple esta decisión visual dentro de la experiencia de aprendizaje?
Un encabezado puede ayudar al estudiante a comprender la estructura del contenido. Un icono puede facilitar la identificación de un tipo de actividad. Una infografía puede representar visualmente relaciones que serían más difíciles de explicar únicamente mediante texto. Una paleta consistente puede contribuir a orientar al estudiante dentro de los diferentes módulos. En otras palabras, la estética y la funcionalidad no deberían verse como elementos separados.
El problema: diseñamos visualmente aunque no seamos diseñadores
En el estudio de Bader et al. (2024) se analizaron cómo profesores experimentados diseñaban visualmente sus cursos online utilizando el modelo Thinking, Looking, Doing and Critiquing (TLD+C). Es decir, observaron cómo pensaban sus decisiones, buscaban referencias, producían los recursos y posteriormente evaluaban los resultados. El estudio encontró que aunque los participantes reconocían el valor del diseño visual y tomaban constantemente decisiones relacionadas con él, no necesariamente contaban con formación formal en esta área. Y eso ocurre con más frecuencia de lo que pensamos.
Cada vez que una persona desarrolla un curso y decide:
- qué tamaño tendrá un encabezado;
- dónde colocará una imagen;
- qué colores utilizará;
- cómo organizará el contenido en una pantalla;
- qué iconos empleará;
- cómo dividirá un bloque extenso de información;
está tomando decisiones de diseño visual.
El problema no es necesariamente que las tome. El problema aparece cuando esas decisiones se realizan exclusivamente desde la intuición, el gusto personal o el ensayo y error.
“Me gusta” no necesariamente significa “funciona”
Uno de los aspectos más relevantes del estudio de Bader et al. (2024), es precisamente la falta de preparación formal en diseño visual entre los docentes participantes. Los profesores podían reconocer cuándo algo les parecía atractivo, pero no siempre podían explicar por qué una decisión visual funcionaba o si estaba fundamentada en principios de diseño. El estudio identifica esta falta de preparación como una de las principales barreras en el desarrollo visual de cursos online. Esto plantea una diferencia importante entre utilizar herramientas de diseño y comprender diseño.
Actualmente tenemos acceso a Canva, PowerPoint, herramientas de inteligencia artificial y múltiples aplicaciones que permiten producir recursos visuales con gran facilidad. Pero tener acceso a estas herramientas no sustituye conocimientos sobre jerarquía visual, composición, contraste, tipografía, color, accesibilidad, organización de información o experiencia del usuario. Una plantilla puede ayudarnos a producir algo atractivo. Pero no necesariamente garantiza que el recurso sea adecuado para el aprendizaje.
El diseñador instruccional necesita alfabetización visual
Salter (2025) reconoce que en instituciones donde no existe apoyo especializado, los diseñadores instruccionales terminan desarrollando banners, iconos, encabezados y otros recursos mediante herramientas como Canva, Adobe Express o PowerPoint. Sin embargo, señala que ese trabajo requiere conocimientos básicos de jerarquía visual, teoría del color, contraste y accesibilidad.
Por tanto, el diseñador instruccional sí necesita desarrollar alfabetización visual. Necesita poder reconocer cuándo una pantalla está demasiado cargada, cuándo existe una jerarquía clara, cuándo un recurso realmente apoya la comprensión o cuándo un diseño puede representar una barrera de accesibilidad. Pero alfabetización visual no significa necesariamente convertirse en diseñador gráfico. Y esta distinción es importante.
Diseñador instruccional y diseñador visual no son el mismo rol
Uno de los aportes más claros del artículo de Salter es precisamente reconocer la complementariedad entre diferentes profesionales. La autora menciona equipos multimedia integrados por diseñadores gráficos, editores de video, animadores y especialistas en comunicación visual, quienes aportan competencias especializadas que complementan la experiencia pedagógica y estructural del diseñador instruccional. En este modelo, el diseñador instruccional puede funcionar como enlace entre los objetivos de aprendizaje y la ejecución creativa.
Puede determinar, por ejemplo:
- qué necesita comprender el estudiante;
- qué información necesita destacarse;
- qué contenido podría beneficiarse de una representación visual;
- qué tipo de recurso podría apoyar determinado objetivo.
El diseñador visual, por su parte, puede transformar esa necesidad en una solución gráfica profesional.
Salter describe un ejemplo en el que diseñador instruccional y diseñador gráfico colaboraron para desarrollar una identidad visual consistente para un curso. Se utilizaron iconos personalizados, paletas de colores coherentes e infografías. Esa cohesión visual contribuyó a facilitar la navegación y a producir una experiencia más profesional.
¿Qué ocurre cuando no existe ese especialista?
En el estudio de Bader et al. (2024) los investigadores identificaron como una de las barreras la falta de apoyo institucional especializado en diseño visual. Los participantes podían recibir apoyo relacionado con el LMS o con otros componentes del desarrollo del curso, pero no necesariamente tenían acceso a alguien con experiencia específica en diseño visual. El estudio concluye que las instituciones deberían fortalecer precisamente este tipo de apoyo.
Entre las posibles respuestas se encuentran la capacitación en diseño visual, la creación de plantillas institucionales y la disponibilidad de profesionales especializados que apoyen la producción visual. Esto coincide directamente con Salter (2025).
Entre sus recomendaciones está que las instituciones inviertan en personal gráfico y multimedia que trabaje junto a los equipos de diseño instruccional y, al mismo tiempo, ofrezcan desarrollo profesional en alfabetización visual a los propios diseñadores instruccionales. No se trata, entonces, de escoger entre uno u otro. Se trata de reconocer que existen competencias diferentes que pueden complementarse.
Diseño visual y accesibilidad tampoco pueden separarse
Una decisión visual puede parecer sencilla, pero tener consecuencias importantes. El color, por ejemplo, no debería ser el único medio para comunicar información. La tipografía debe ser legible. Los encabezados no solo tienen una función estética, sino también estructural. Las imágenes necesitan alternativas textuales cuando comunican información significativa.
Bader et al. (2024), identificaron la accesibilidad como uno de los desafíos recurrentes que enfrentaban los participantes al diseñar sus cursos. Salter (2025), por su parte, integra la accesibilidad directamente dentro del diseño visual y plantea que decisiones como el contraste, la tipografía legible, el texto alternativo y la navegación simplificada contribuyen a una experiencia más inclusiva. Esto demuestra nuevamente que diseñar visualmente para eLearning requiere algo más que conocimientos estéticos.
El diseño visual debe comenzar temprano
Quizás uno de los errores más comunes en el desarrollo de cursos online ocurre cuando el diseño visual se deja para el final. Se desarrolla primero todo el contenido y luego se identifica cómo se puede hacer para que se vea mejor el curso. Salter (2025) recomienda exactamente lo contrario. La estrategia visual debería considerarse desde las primeras etapas del desarrollo del curso, no como un detalle final o un “finishing touch”.
Esto permite que las decisiones visuales estén conectadas desde el principio con la estructura, la navegación, los objetivos de aprendizaje y la experiencia que queremos crear.
No necesitamos que todos hagan de todo
El crecimiento del eLearning ha ampliado considerablemente las expectativas sobre quienes desarrollan cursos. En algunos contextos parece esperarse que una misma persona sea al mismo tiempo el diseñador instruccional, diseñador gráfico, editor de video, productor multimedia, experto en accesibilidad, administrador del LMS y ahora también especialista en inteligencia artificial. Pero reconocer la importancia de la alfabetización visual no significa asumir que una sola persona debe dominar profesionalmente todas estas disciplinas.
Los dos artículos analizados sugieren otra dirección. Necesitamos profesionales capaces de comprender el lenguaje de otras áreas y trabajar colaborativamente. El diseñador instruccional necesita entender suficientemente el diseño visual como para incorporarlo de manera intencional en sus decisiones pedagógicas.
El diseñador visual que trabaja en eLearning necesita comprender que sus decisiones no responden únicamente a criterios estéticos, sino también a objetivos de aprendizaje, accesibilidad y experiencia del estudiante. Y las instituciones necesitan crear estructuras que faciliten ese encuentro.
El reto no es “hacer bonito” el curso
Quizás deberíamos dejar de utilizar esa expresión que lamentablemente todavía escucho mucho. Cuando hablamos de diseño visual en eLearning, hablamos de mucho más que colores e imágenes.
- Hablamos de cómo organizamos la información.
- Cómo dirigimos la atención.
- Cómo ayudamos al estudiante a orientarse.
- Cómo reducimos elementos innecesarios.
- Cómo representamos ideas complejas.
- Cómo hacemos que una experiencia sea más accesible.
- Y cómo utilizamos el lenguaje visual para apoyar el aprendizaje.
Por eso, diseño instruccional y diseño visual no son lo mismo. Pero tampoco deberían trabajar como disciplinas aisladas. Cuando se integran desde el inicio del proceso, pueden contribuir conjuntamente a desarrollar experiencias de aprendizaje online más claras, accesibles, coherentes y centradas en el estudiante.
Referencias:
Bader, J. D., Friesen, N., Lowenthal, P. R., & Snelson, C. (2024). Visual design in online course development: Exploring instructors’ experiences and challenges. Quarterly Review of Distance Education, 25(1), 35–48. https://doi.org/10.1108/QRDE-07-2024-0003
Salter, A. R. (2025). Visual design in instructional design: Collaborating with media teams to improve online learning. FDLA Journal, 9(25).
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Dra. Yahaira Torres Rivera
Catedrática Auxiliar y Directora de Educación a Distancia, en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Cuenta con más de 22 años experiencia en el sector educativo. Como docente cuenta con experiencia en las disciplinas de diseño instruccional, educación a distancia, diseño gráfico, pedagogía, andragogía, Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), aprendizaje activo, entre otros temas. Ofrece servicios de asesoría a empresas e instituciones educativas sobre temas relacionados a la creación de cursos y academias Online. Cuenta con un Doctorado en Educación, con especialidad en Currículo y Enseñanza, subespecialidad en Tecnologías del aprendizaje, enfocado en Educación a Distancia. También, una maestría en Artes del Diseño Gráfico Digital. Además, ha completado exitosamente otras certificaciones profesionales sobre Enseñanza en Línea, Neuroeducación, Fundamentos de Gerencia de Proyectos, Quality Matters, entre otras.
