Por: Yahaira Torres Rivera, Ed.D.
Especialista en eLearning
29 de agosto de 2026
Cuando diseñamos un curso en línea es fácil comenzar por el contenido.
- ¿Cuántos módulos tendrá el curso?
- ¿Qué lecturas debemos incorporar?
- ¿Qué actividades vamos a desarrollar?
- ¿Qué herramienta utilizaremos?
- ¿Qué es el Human-Centered Design?
Todas estas preguntas son importantes. Sin embargo, desde la perspectiva del Human-Centered Design (HCD) o diseño centrado en las personas, existe una pregunta que debe aparecer mucho antes:
- ¿Quién es la persona que tendrá que aprender utilizando esta experiencia?
Esta diferencia, aunque parece sencilla, puede transformar por completo la manera en que diseñamos eLearning.
¿Qué es el Human-Centered Design?
El Human-Centered Design es un enfoque de diseño que coloca las necesidades, características, comportamientos, capacidades, limitaciones y contexto de las personas en el centro del proceso de diseño. En lugar de crear primero una solución y esperar que las personas se adapten a ella, HCD propone lo contrario: comprender primero a las personas y diseñar a partir de esa comprensión.
Aunque el Human-Centered Design no surgió específicamente en el campo educativo, sus principios tienen una relación directa con el diseño instruccional contemporáneo, especialmente cuando trabajamos con experiencias de aprendizaje digitales.
En un curso en línea, el estudiante no solo interactúa con contenido. Interactúa también con una plataforma, una estructura de navegación, instrucciones, videos, documentos, actividades, evaluaciones, botones, recursos, fechas, retroalimentación y diferentes tecnologías. Todo esto forma parte de su experiencia de aprendizaje. Por eso, diseñar eLearning no debería limitarse a organizar contenido. También implica diseñar una experiencia que una persona pueda comprender, navegar, utilizar y completar eficazmente.
Diseñar contenido no es lo mismo que diseñar una experiencia
Imaginemos que un profesor entrega al diseñador instruccional un documento de 150 páginas y solicita convertirlo en un curso en línea.
Podríamos simplemente:
- dividir el documento en módulos;
- convertir algunas secciones en presentaciones;
- añadir videos;
- crear un examen;
- subir los materiales al LMS.
Técnicamente, tendríamos un curso. Pero ¿estaría realmente diseñado para aprender?
Desde una perspectiva centrada en las personas tendríamos que detenernos y preguntar:
- ¿Quiénes son los estudiantes?
- ¿Qué conocimientos previos poseen?
- ¿Trabajan mientras estudian?
- ¿Desde qué dispositivos acceden al curso?
- ¿Cuánto tiempo pueden dedicar a una sesión de estudio?
- ¿Qué dificultades podrían encontrar?
- ¿Qué necesitan poder hacer al finalizar?
- ¿Qué partes del contenido requieren explicación, práctica o ejemplos?
- ¿Qué elementos podrían generar una carga cognitiva innecesaria?
Estas preguntas cambian el foco.
Dejamos de pensar solamente: “¿Cómo presento este contenido?” y comenzamos a pensar: “¿Qué necesita esta persona para aprenderlo?”
Un ejemplo sencillo
Supongamos que estamos diseñando un curso en línea para profesionales que trabajan a tiempo completo.
El contenido incluye un video de 60 minutos, una lectura extensa, un foro y un examen. En teoría, la estructura puede parecer adecuada. Sin embargo, al conocer mejor a los participantes descubrimos que muchos estudian por la noche, después de su jornada laboral, y algunos acceden frecuentemente desde el teléfono.
Esto tiene implicaciones importantes para el diseño.
- En lugar de un video de 60 minutos, podríamos dividir el contenido en varios videos más breves.
- La lectura podría organizarse por secciones y complementarse con un resumen visual.
- El foro podría convertirse en un análisis breve de un caso profesional.
- Y en lugar de depender exclusivamente de un examen final, podríamos incorporar pequeños ejercicios de práctica y retroalimentación durante la lección.
El contenido académico puede continuar siendo igual de riguroso. Lo que cambia es la manera en que diseñamos la experiencia para facilitar el aprendizaje.
El diseño centrado en las personas comienza antes de desarrollar
Uno de los errores más frecuentes en eLearning es comenzar inmediatamente a producir. Abrimos Articulate Rise, Storyline, Canva, PowerPoint o el LMS y comenzamos a desarrollar pantallas. Pero Human-Centered Design nos recuerda que antes de desarrollar debemos comprender el problema.
Podemos hacerlo mediante: entrevistas, cuestionarios, conversaciones con estudiantes, análisis de cursos anteriores, observación, datos del LMS, evaluaciones del curso o pruebas de usabilidad. No siempre tiene que tratarse de una investigación extensa.
Incluso hablar con cinco estudiantes puede revelar problemas que el equipo de diseño nunca había considerado. Por ejemplo:
- “No sé dónde comienza cada módulo.”
- “Los videos son demasiado largos.”
- “Las instrucciones de las tareas me confunden.”
- “Nunca sé cuánto me falta para terminar.”
- “Desde el celular algunas tablas no se pueden leer.”
Cada comentario representa información útil para tomar decisiones de diseño.
Identificar el problema correcto
HCD también nos ayuda a evitar soluciones rápidas para problemas que todavía no comprendemos.
Imaginemos que un profesor nos dice: “Los estudiantes no participan en los foros.”
Una solución inmediata podría ser aumentar la puntuación del foro o hacerlo obligatorio. Pero un enfoque centrado en las personas preguntaría:
¿Por qué no participan?
- Quizás las preguntas son demasiado generales.
- Quizás tienen que escribir 500 palabras todas las semanas.
- Quizás todos terminan ofreciendo respuestas similares.
- Quizás la actividad no se relaciona con situaciones reales de su profesión.
En ese caso, el problema no necesariamente es falta de motivación. Puede ser un problema de diseño. Comprender esa diferencia evita que diseñemos soluciones para el problema equivocado.
Diseñar, probar y mejorar
Otro principio importante del Human-Centered Design es que no tenemos que esperar a desarrollar el curso completo para descubrir si funciona. Podemos crear un prototipo. Por ejemplo, antes de desarrollar doce módulos completos podemos crear un módulo representativo que incluya:
- navegación;
- contenido;
- video;
- actividad;
- evaluación;
- retroalimentación;
- estilo visual.
Luego podemos pedir a varias personas que lo utilicen.
No basta con preguntar: “¿Te gustó?”
Es más útil observar:
- ¿Pudo encontrar la actividad?
- ¿Entendió qué tenía que hacer?
- ¿Sabía cómo regresar al módulo?
- ¿Identificó qué contenido era importante?
- ¿Pudo utilizarlo desde un dispositivo móvil?
- ¿Alguna instrucción generó confusión?
Estas pruebas permiten identificar problemas antes de invertir muchas horas en desarrollo. En otras palabras, probar temprano puede ahorrar mucho trabajo después.
HCD también es accesibilidad
Diseñar para las personas significa reconocer que las personas son diferentes.
- No todos aprenden de la misma manera.
- No todos tienen las mismas capacidades.
- No todos utilizan el mismo dispositivo.
- No todos estudian en las mismas condiciones.
Por eso Human-Centered Design tiene una relación directa con la accesibilidad y con enfoques como el Diseño Universal para el Aprendizaje. Un video sin subtítulos, por ejemplo, puede representar una barrera para una persona con pérdida auditiva. Pero los subtítulos también pueden ayudar a una persona que estudia en un lugar donde no puede utilizar sonido, a quien aprende mejor leyendo mientras escucha o a quien necesita revisar posteriormente un concepto específico. La accesibilidad no beneficia únicamente a un grupo. Muchas veces mejora la experiencia de todos.
El estudiante no debería tener que descifrar el curso
Una buena experiencia de aprendizaje debería permitir que la energía cognitiva del estudiante se concentre principalmente en aprender, no en descubrir cómo funciona el curso. Si cada módulo tiene una estructura diferente, los botones cambian de lugar, las instrucciones son ambiguas o las actividades están escondidas, parte de la atención del estudiante se utiliza en comprender el sistema. Esto puede aumentar la carga cognitiva innecesaria.
Un curso centrado en las personas procura:
- una navegación consistente;
- instrucciones claras;
- una jerarquía visual adecuada;
- lenguaje comprensible;
- información organizada;
- actividades con propósito;
- retroalimentación útil;
- accesibilidad;
- compatibilidad con diferentes dispositivos.
Son decisiones de diseño que pueden parecer pequeñas, pero que juntas tienen un impacto significativo en la experiencia.
Human-Centered Design no significa darle al estudiante todo lo que quiere
Diseñar centrado en las personas tampoco significa eliminar cualquier actividad que resulte difícil. El aprendizaje puede requerir esfuerzo. Una evaluación compleja puede ser completamente necesaria. La diferencia está entre la dificultad necesaria para aprender y la fricción innecesaria producida por un mal diseño.
- Resolver un caso complejo puede ser cognitivamente exigente porque requiere analizar, comparar y tomar decisiones.
- Buscar durante diez minutos dónde entregar ese caso no debería formar parte del reto.
HCD busca reducir ese segundo tipo de dificultad.
¿Cómo se relaciona con el diseño instruccional?
El Human-Centered Design no sustituye al diseño instruccional. Lo complementa. El diseño instruccional puede preguntarnos:
- ¿Qué debe aprender el estudiante?
- ¿Cuáles son los objetivos?
- ¿Qué actividad permite alcanzar esos objetivos?
- ¿Cómo evaluaremos el aprendizaje?
Human-Centered Design añade:
- ¿Quién es la persona que realizará todo esto?
- ¿Cómo experimentará el curso?
- ¿Qué necesidades y barreras debemos considerar?
- ¿Qué podemos aprender observando cómo utiliza el diseño?
Por eso resulta especialmente poderoso cuando se combina con otros enfoques.
- El diseño instruccional nos ayuda a garantizar alineación pedagógica.
- La teoría de carga cognitiva nos ayuda a organizar mejor la información.
- El Diseño Universal para el Aprendizaje nos ayuda a considerar la variabilidad.
- La accesibilidad ayuda a eliminar barreras.
- UX nos ayuda a mejorar la interacción.
- Y Human-Centered Design nos obliga a mantener una idea presente durante todo el proceso: estamos diseñando para personas reales.
Una manera sencilla de incorporarlo a nuestro trabajo
Antes de desarrollar cualquier curso podemos hacernos cinco preguntas:
1. ¿Quiénes son las personas que tomarán este curso? No solamente su edad o nivel académico. También su contexto, experiencia, motivaciones y posibles limitaciones.
2. ¿Qué necesitan poder hacer? El aprendizaje debería llevarlos hacia una capacidad concreta, no simplemente hacia la exposición al contenido.
3. ¿Qué podría dificultarles aprender? Aquí pueden aparecer problemas de tiempo, navegación, accesibilidad, conocimientos previos, tecnología o carga cognitiva.
4. ¿Cómo podemos probar nuestra solución antes de desarrollar todo? Un módulo piloto, un storyboard o un prototipo puede revelar problemas rápidamente.
5. ¿Qué aprendimos de las personas que utilizaron el diseño? El diseño no termina cuando publicamos el curso. Los datos y la experiencia de los participantes pueden ayudarnos a mejorarlo continuamente.
Human-Centered Design en la era de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial hace que hoy podamos producir contenido con una velocidad que hace pocos años parecía imposible. Podemos generar textos, imágenes, videos, preguntas, casos, escenarios, actividades e incluso experiencias interactivas. Precisamente por eso el Human-Centered Design se vuelve todavía más importante.
Cada vez será más necesario preguntarnos:
- “¿Debemos crearlo?”
- “¿Para quién?”
- “¿Qué problema resuelve?”
- “¿Realmente mejora el aprendizaje?”
La IA puede ayudarnos a producir más. Pero producir más no necesariamente significa diseñar mejor. El valor del diseñador instruccional estará cada vez menos en simplemente crear contenido y cada vez más en analizar necesidades, tomar decisiones de diseño, comprender a los estudiantes y construir experiencias de aprendizaje con intención.
Diseñamos para personas, no para plataformas
Podemos utilizar Moodle, Canvas, Blackboard, Articulate Rise, Storyline o cualquier otra tecnología. Pero ninguna herramienta debería convertirse en el centro del diseño. El centro debe continuar siendo la persona que aprende. Por eso, quizás una de las preguntas más útiles que podemos hacernos durante cualquier proyecto de eLearning es: ¿Qué necesita hacer esta persona aquí y qué podría impedirle hacerlo?
Responder esa pregunta constantemente nos ayuda a diseñar experiencias más claras, accesibles, relevantes y significativas. Porque al final, no diseñamos cursos simplemente para colocar contenido en una plataforma. Diseñamos experiencias para personas que necesitan aprender.
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Dra. Yahaira Torres Rivera
Catedrática Auxiliar y Directora de Educación a Distancia, en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Cuenta con más de 22 años experiencia en el sector educativo. Como docente cuenta con experiencia en las disciplinas de diseño instruccional, educación a distancia, diseño gráfico, pedagogía, andragogía, Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), aprendizaje activo, entre otros temas. Ofrece servicios de asesoría a empresas e instituciones educativas sobre temas relacionados a la creación de cursos y academias Online. Cuenta con un Doctorado en Educación, con especialidad en Currículo y Enseñanza, subespecialidad en Tecnologías del aprendizaje, enfocado en Educación a Distancia. También, una maestría en Artes del Diseño Gráfico Digital. Además, ha completado exitosamente otras certificaciones profesionales sobre Enseñanza en Línea, Neuroeducación, Fundamentos de Gerencia de Proyectos, Quality Matters, entre otras.
